Frónesis

Dicen que el veneno está en la dosis; un exceso o una escasez de esta puede tener consecuencias negativas. Encontrar la medida adecuada en los diferentes aspectos de la vida es, en realidad, una virtud: una verdadera «sabiduría práctica».

Me encanta la frase «una cosa no quita la otra» ; se puede aplicar a tantas situaciones y tiene mucha más profundidad de lo que parece.

¿Por qué elegir un bando u otro cuando se pueden integrar ambos?. Al final, las diferentes ramas de un árbol pertenecen al mismo tronco.

Actualmente, intento encontrar ese equilibrio. Busco proporcionar a mi ser las dosis adecuadas entre lo empírico y lo trascendental, entre la psicología y la espiritualidad, persiguiendo un plano donde ambas puedan coexistir en paz y armonía.

A veces, la vida resulta muy irónica: puedes terminar persiguiendo aquello que siempre has rechazado, aquello de lo que huías y te negabas a ver por mucho que mirases. Y viceversa.

La acción virtuosa de hoy puede ser la acción desastrosa de mañana. Esta prudencia —el saber lo que es equilibrado para ti en cada momento— se aprende a base de vivir. Implica equivocarse un poco hacia los diferentes extremos para luego corregir y volver al centro ; es un entendimiento que solo la experiencia otorga.

Aristóteles lo denominaba frónesis.

Lograr esta frónesis entre el cuerpo y la mente, entendidos como ambos extremos de un mismo continuo, es el objetivo hacia el que estoy encaminado. Saber diferenciar lo que quiere tu mente de lo que necesita tu cuerpo supone un verdadero reto.

Con el tiempo, me he convertido en esclavo de mi mente, de mis creencias, de mis percepciones y de mis falsedades. Aquello que antes consideraba un lugar seguro, ahora se ha transformado en una jaula.

Mi intención ahora es dejar abierta la puerta de esta jaula para poder entrar y salir a mi voluntad. Esa es mi frónesis. Al mantener la puerta cerrada durante tanto tiempo, la cerradura se ha oxidado, impidiéndome escuchar las voces de mi cuerpo, de mi voz interior. En la jaula en la que me hallo hay demasiado ruido, y necesito silenciarla para percibir lo que mi cuerpo pide.

El lenguaje encriptado del cuerpo solo se puede desbloquear a través del silencio de la mente. La conexión genuina con uno mismo solo se puede dar a través de la emoción del cuerpo, no a través del pensamiento de la mente.

Pero espera, ¿quién es el que está encerrado en la jaula?