¿Quién es La Gente? ¿Somos conscientes de los condicionamientos que nos impone? ¿Qué es para ti la libertad? ¿Existe la verdadera libertad para elegir? Cada día aprendo sobre el comportamiento humano, sobre por qué hacemos lo que hacemos, las diferentes motivaciones que nos mueven a cada uno, sobre la importancia de plantearnos las preguntas adecuadas. La falta de reflexión e introspección ha hecho que la nueva normalidad sea ignorar nuestra propia respiración, nuestro ritmo, nuestro ser, nuestra sensibilidad y profundidad.
Vivimos en una sociedad donde todo va deprisa, el progreso se ha convertido en un huracán que nos centra más en el hacer que en el Ser, absorbidos por la actividad, alejándonos de nuestro centro. Dentro de este caos, es más importante que nunca aprender a parar, a ser.
La meditación es una llamada a la inactividad, al descanso de toda estimulación, nos abre a una dimensión nueva, nos permite entregarnos a lo que es, a la vida de forma nueva. Haciendo hincapié en las emociones, estas han sido desde siempre un marco prereflexivo donde condicionan nuestra experiencia de vida, ya estamos condicionados en base a ellas a ver la vida de una determinada manera, ¿Qué pasaría si dejásemos ir la energía detrás de esas emociones que tanto negamos y reprimimos? Estaríamos hablando de una actualización emocional, donde el disco duro serían las emociones y la calidad de la imagen en pantalla, la vida.
“Sus pasos no conducen hacia delante, sino hacia atrás, hacia donde ya nos encontramos”.
Juzgamos la inactividad como una incapacidad para hacer cosas, aburrimiento, tiempo muerto. Esta tiene su propia lógica, su propio tiempo, su propia esencia y lenguaje, hay que concebirla como una forma de intensidad, es una luz que podría ser la solución para muchos, la tranquilidad que buscan afuera podría estar en ese reposo meditativo. Muchos la buscan afuera pero no la encuentran, en actividades, en personas, adicciones…
Pasar del ser a la acción sería ir en contra de la dinámica que nos han enseñado, aprender a parar sería incluso más importante que progresar, ¿Te has parado a pensar si lo que estás haciendo realmente vale la pena, qué precio estás pagando para llegar a esa meta? Dejar que la duda se apodere de tus decisiones a muchos les abruma, pero en numerosas ocasiones te abre nuevas puertas.
Vivo para ser, no para hacer ni tener.
Vivo para dejar ir, contemplar, sentir, respirar